En los momentos de crisis sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Albert Einstein.
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abr
20
2008
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Felícitas Martínez, Teresa Bautista |
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domingo, 20 de abril de 2008 |
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Por Miguel Ángel Granados Chapa.
Parecían niñas: apenas tenían, cada una, más de 20 años de edad, y sólo hace tres meses trabajaban en la radio comunitaria de un municipio autónomo en Oaxaca, en una región preñada de tensiones. Su labor ya afectaba intereses creados. Por eso las mataron
De tan jóvenes y menuditas que eran, parecían niñas. Su voz, cantando en lengua trique, la suya, confirma esa apariencia. Eran Felícitas Martínez y Teresa Bautista. Tenían apenas 21 y 24 años de edad. Desde enero trabajaban en una estación de radio comunitaria, La voz que rompe el silencio, en San Juan Copala.
Fueron asesinadas el 7 de abril, cuando volvían de la comunidad de Llano Juárez a San Juan Copala, donde transmite Radio Copala, en el 94.9 de frecuencia modulada.
Hacían de todo en la emisora. Eran locutoras y reporteras. También
viajaban a las comunidades a enterar a la gente sobre las posibilidades
de la estación, para obtener y transmitir información. En eso andaban
cuando el vehículo en que viajaban, conducido por Faustino Vázquez,
responsable municipal del registro civil, fue detenido por un grupo
armado. El conductor temió que quisieran secuestrar a las muchachas y
aceleró para escapar a la amenaza. Las jóvenes viajaban en el asiento
trasero y sobre ellas cayó el fuego, salido de armas de uso reservado
al Ejército según muestra el calibre de las balas asesinas. Murieron
instantáneamente. Su compañero quedó herido. Y asustado. Lo mismo que
los familiares de las víctimas, prefiere ahora guardar silencio,
temeroso de que los asesinos atenten contra él.
Pudo, sin embargo, ofrecer su testimonio, y con sus palabras dos
compañeros de las jovencitas sacrificadas, locutores también en
ciernes, Bernabé Cruz y Adolfo Ramírez, han podido identificar a los
asesinos. Podrían denunciarlos ante el Ministerio Público, si es que a
la Procuraduría de Justicia de Oaxaca el asunto -tan difundido
públicamente que el director general de la UNESCO emitió desde París
una condena a la brutal agresión- le importara mínimamente. Pero hasta
ahora, 11 días después del terrible acontecimiento, no se ha iniciado
averiguación alguna. Apenas el miércoles llegó a la región un enviado
de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, quien hará que ese
organismo solicite medidas cautelares que protejan a los deudos y
compañeros de trabajo de Felícitas y Teresa, para evitar que padezcan
su suerte.
Aunque el doble crimen fue cometido con el fin de intimidar y acallar
el proyecto radiofónico en que participaban las muchachas asesinadas,
forma parte también de un clima de violencia que por décadas ha
diezmado a los hablantes de trique, una comunidad étnica en busca de
respeto a su identidad. San Juan Copala era un municipio hasta 1948, en
que por motivos políticos ajenos a ese pueblo sus comunidades quedaron
en los municipios de Santiago Juxtlahuaca (del que San Juan Copala
quedó convertido en mera agencia), Putla de Guerrero y Constancia del
Rosario.
Para expresar sus demandas, los pobladores más conscientes
constituyeron el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT), al
que intereses económicos y políticos locales opusieron la Unidad por el
Bienestar Social de la Región Triqui. Enfrentamientos entre ambas
agrupaciones acrecentaron la violencia endémica en la zona, alimentada
por el comercio de armas que en la comarca se desenvuelve con
naturalidad, sin que haya autoridad que lo frene.
La división de los grupos locales se complicó en 2004 cuando fue creado
el Partido Unión Popular, que consiguió una importante presencia en la
zona. Lo encabezó Héctor Sánchez, a la sazón senador perredista que se
inconformó con la decisión de su partido de coaligarse con Acción
Nacional y Convergencia para sostener la candidatura de Gabino Cué.
Sánchez presentó la suya propia, a partir de un partido que gozó del
apoyo del gobierno de José Murat. Si ésa fue la intención, quedó
consumada: en la disputa cerrada entre Cué y Ulises Ruiz, candidato del
PRI, resuelta a favor de éste, los votos que Sánchez logró para sí, y
hubieran sido para el PRD, hicieron la diferencia. Quizá por
eso hay cercanía y acuerdos entre el ex perredista y el gobernador,
ducho en corromper a la oposición y en meterse en sus asuntos propios,
como lo enseña la actual situación electoral perredista, uno de cuyos
nudos es precisamente Oaxaca.
El hervor social producido por la insurrección de 2006 contra el
gobernador autoritario animó a no pocos miembros del pueblo trique a
separarse de la MULT, que los representaba cada vez menos, y a crear el
Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente (MULTI), que se
adhirió a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. Pronto pagaron
las consecuencias: en agosto de 2006 en una emboscada cayeron tres de
sus miembros, Andrés Santiago Cruz, Pedro Martínez Martínez y Octavio
Martínez Martínez, menor de edad este último. Un año más tarde fue
asesinado Moctezuma Velasco, hijo de uno de los fundadores del MULTI.
Su esposa Imelda quedó herida.
Entretanto, el MULTI había constituido el municipio autónomo de San
Juan Copala, erigido por voluntad de cuatro comunidades el 1o. de enero
de 2007. Se trataba de una clara reivindicación histórica: recuperar la
condición que ese enclave había tenido hasta 60 años atrás. Para
afianzarse entre los triques de otros municipios (cuyas autoridades,
como la estatal, rehúsan reconocer la autonomía de San Juan Copala), el
ayuntamiento autónomo echó a andar el 20 de enero de este año La voz
que rompe el silencio, con personal como Teresa Bautista, Felícitas
Martínez, Bernabé Cruz y Adolfo Ramírez, casi adolescentes todos ellos.
En unos pocos meses mostraron la importancia de su trabajo. Por eso
Teresa y Felícitas fueron asesinadas. Por eso están en peligro los
demás.
Cajón de Sastre
El 5 de julio del año pasado desaparecieron dos jóvenes triques más,
Daniela y Virginia Ortiz Ramírez. Sus familiares, al dar el pésame a
los de Teresa y Felícitas, afirman: “En esta desafortunada situación de
guerra que vive nuestra región, quienes hemos llevado la peor parte
hemos sido nosotras las mujeres y nuestros pequeños hijos, porque nos
hemos convertido en botín de la batalla que utilizan diferentes grupos
políticos de la zona para enfrentarse entre sí. En estos conflictos las
mujeres seguimos siendo lastimadas, violadas, desaparecidas o
asesinadas, sin que nada hayan podido (o querido) hacer nuestros
paisanos ni las autoridades locales, estatales y federales para detener
estos acontecimientos y hacer justicia”. Y demandan: ¡No nos quedemos
calladas!
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