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Cuando las IV
Jornadas Feministas llegaban a su ecuador y muchas de nosotras, trás la
manifestación, todavía andábamos por el casco viejo de Bilbao , en las
inmediaciones de Iturribide que suben hacia Santutxu, una joven menor de edad
fué violada.
Nos
despertamos este lunes post-jornadas con un amarguísimo sabor de boca.
Indignadas y muy enfadadas. Un macabro cierre para este encuentro feminista, y
muy a nuestro pesar una respuesta firme para aquellos heridos hombres que no
comprendían el porqué su presencia en las Jornadas estaba vetada.
Por esto
señores; porque NOSOTRAS tenemos que organizarnos y defendernos.
Nos parece una
perversa paradoja que el desenlace de este empoderamiento feminista haya sido
éste: un recordatorio sangrante de este campo de batalla en el que vivimos las
mujeres.
No exageramos.
No nos hablen de estadísticas para justificar lo injustificable, que hoy
tenemos algo más importante que hacer: organizarnos para salir a la calle con
un doble motivo, abrazar de manera intensa a la compañera agredida, y
hacer un marcaje de la zona, AQUÍ ESTAMOS LAS FEMINISTAS, TENED CUIDADO,
LO QUE LE PASA A UNA NOS PASA A TODAS.
Nos estáis
atacando a todas, y aquellos que no usáis la fuerza bruta estáis siendo
cómplices con vuestra pasividad.
NO traten
ahora de confundir nuestro discurso, de quitarnos la palabra, ni de llamarnos
radicales, ya sabemos lo que sucede cada vez que cuestionamos vuestro sistema.
Se nos ataca y se nos tacha de locas. Nos preferimos locas a violadas,
asesinadas, torturadas, vejadas...y un largo etc.
Sabemos lo que
ocurre. Cuando se trata de nuestra
integridad, cuando se trata de nosotras,
a nadie le importa.¿Dónde están las reacciones institucionales?, ¿las
declaraciones partidistas?, ¿cuántos de vosostros vais a condenar este hecho
mañana?
Que una mujer
sea violada o asesinada es para el sistema NADA, algo que en todo caso interesa
y contribuye a los intereses dominantes patriarcales. Ahora, -y porque no queda
otra- lo que vende politicamente son las maltratadas, los planes de igualdad y
la violencia de “género”; difusa forma de definir los abusos e insultos que las
mujeres estamos obligadas a soportar.
Todas las
mujeres por el hecho de serlo sufrimos de una violación constante, de una
posibilidad real de ser en algún momento objeto de una agresión, bien sea
física, verbal o ámbas. ¿No es esto vivir amenazadas?. Para esta pregunta el
sistema tiene una respuesta clara: No, porque soís mujeres y habréis de
aguantar.
Esto es así
porque si no ya hubieran hecho algo, porque cuando quieren ya saben ya... Por
mucho menos habéis sacado vuestros ejércitos uniformados a la calle a sofocar
rebeliones, a sofocar aquello que el sistema considera que puede poner en
peligro su continuidad. Y aquí, en este punto, hemos llegado a la clave.
Vuestro
sistema se fomenta en el terrorismo patriarcal, si no hacéis nada para
erradicarlo es sencillamente porque no queréis que las cosas cambien. Vuestro
sistema tiene por cimiento la sumisión, tortura, y exclavitud de las mujeres.
Con cada una de nosotras violada, agredida y
asesinada, continua el status quo en el que tan comodamente vivís.
El sistema en
el que vivimos se llama falocracia; ese es el poder que detentáis y
salvaguardáis por sobre todas las cosas.
Aferrados como
estáis a la entrepierna y que veneráis a vuestro miembro como a un único dios,
si el peligro que hubiese en la calle fuese que, porque sí, alguién puede
asaltaros y cortároslo, ¿Entonces señores que harían ustedes con las leyes?...
adivina adivinanza.
La violación,
la posibilidad misma de violación es el resultado del poder que detentan los
hombres sobre las mujeres, y aquí ya entramos en una especie de telón de acero
que nunca nadie traspasa, del que nadie quiere hablar, porque eso supondría
tener que analizar y que algunos callesen de su trono. No hay plan de igualdad que a base de parcheo
consiga acabar con la violencia machista porque si así fuese, si estos planes
superficiales estuviesen funcionando, ¿tendríamos hoy que hablar de un agresor
de 18 años?, agresores cada vez más jóvenes que se toman el cuerpo de las
mujeres como una herramienta más de su dominio.
La autoridad
policial masculina no nos va a defender. No nos queda otra que
reivindicar, plantarles cara y luchar,
quitarles poder, establecer los límites en los que empieza nuestra propia
autoridad, sin ella jámas se nos va a
respetar. Una guerra como mujeres a este sistema que nos concibe como cuerpos
de usar y tirar cómo y cuando quiere. Porque una violación es eso, cómo y
cuando se quiera, si tienes suerte esta noche te libras, pero no bajes la
guardia... te puede tocar. No te reveles, no tomes la noche, no te pases
bebiendo, contrólate, sé una buena mujer, si no al volver a casa algo te puede
ocurrir. Este es el mensaje del patriarcado.
El nuestro sin
embargo es mucho más esperanzador y liberador; EMPODERAMIENTO, ORGANIZACIÓN Y
AUTODEFENSA FEMINISTA, COMPAÑERAS DE LUCHA, NUESTRO CUERPO COMO NUESTRA MEJOR
ARMA; SABEMOS DEFENDERNOS Y PODEMOS HACERLO.
NOS VAMOS A
GIRAR DE GOLPE Y A RESPONDER, PLANTARLES CARA Y GRITARRRRRRRRRRR¡¡¡¡¡. ESTA ES LA AUTORIDAD FEMENINA.
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